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Quetzalcóatl

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Un buen día Quetzalcóatl decidió bajar a la tierra y transmitir a los hombres sus conocimientos. Antes de dejar el hogar donde vivía con sus creadores – el señor y la señora Ome –, “la serpiente emplumada” fue a su huerta, rodeada de jardines encantados, y recogió algunas semillas de cacáhuatl y cacao para traerlas a la tierra y obsequiarlas a los hombres.

Tula

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Las tierras de Tula fueron un verdadero paraíso terrenal. El dios Quetzalcóatl amaba a este pueblo y le entregó innumerables riquezas y una extraordinaria cultura.

El maguey

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Los dioses se sintieron muy satisfechos cuando los hombres ya tenían el alimento. Creyeron que ya habían terminado su obra, pero vieron que los hombres estaban tristes y un dios dijo: - Debemos hacer algo para que el hombre se alegre, y cante y baile y sienta amor por la tierra.

La creación del hombre

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La humanidad atravesó por cuatro soles o “edades” antes de que los dioses crearan al hombre tal y como lo conocemos hoy. Es durante el quinto sol, cuyo principio tuvo lugar hace muchos, muchísimos años en Teotihuacán, bajo la adoración de Quetzalcóatl, que los dioses nuevamente se reunieron, preocupados por establecer una nueva especie humana sobre la tierra.

Quetzalcóatl

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Dios del viento, estrella de la mañana y de la tarde, de la vida, de los gemelos y de la sabiduría, habitaba el cielo de Teoiztac, lugar mágico y lleno de misterio donde había un hermoso valle rodeado de jardines con flores que tenían al centro esmeraldas, turquesas, perlas, oro y plata, y los tallos eran de coral; había también azules lagos cristalinos cubiertos de majestuosas garzas blancas.

Ometecutli y Omecíhuatl

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Había un dios y una diosa: Ometecutli, señor de la dualidad, y Omecíhuatl, señora de la dualidad (OME, en náhuatl, significa “dos”) . Eran habitantes del mundo de la oscuridad, donde no existía luz alguna ni astros o flores blancas… Allí todo era penumbra y monstruos al acecho.