Las tierras de Tula fueron un verdadero paraíso terrenal. El dios Quetzalcóatl amaba a este pueblo y le entregó innumerables riquezas y una extraordinaria cultura.
El año civil de los aztecas se dividía en dieciocho meses de veinte días cada uno, a los que se añadían cinco días intercalados que se consideran infaustosos o desgraciados, para llegar al número de 365.